La magia del liderazgo
24 octubre, 2017

El valor de la resiliencia

Vivimos en un mundo que continuamente nos invita a crear vínculos. Bien sea a través de una marca de ropa, un equipo de fútbol, o una ideología. Lo cierto es que es imposible vivir sin pertenecer a algo. Hace parte de nuestras necesidades más básicas.

La hiperconectividad que por muchos es vista como un atentado a la privacidad, para otros puede ser una nueva forma de relacionarnos. Y es que jamás en la historia de la humanidad el ser humano había tenido tanto poder en sus manos para comunicar y expresar sus ideas. Pero todo avance tiene su lado oscuro; a través de las conversaciones diarias que tengo con muchas personas con las que trabajo me doy cuenta de que uno de los miedos más comunes de este siglo es el miedo a ser rechazado o a fracasar, porque al final de cuentas todo termina en el mismo lugar… un temor absoluto a defraudar a alguien incluso a sí mismo. ¿Y cómo no temerle a eso?

Me genera inquietud cuando se usa coloquialmente la etiqueta de “ser poco tolerante a la frustración” y atendemos a esa etiqueta cuando alguien demuestra su tristeza o rabia al equivocarse en diversas situaciones de la vida.  Me pregunto, ¿Acaso hay alguien a quien le guste fracasar o que de entrada este esperando a la derrota con los brazos abiertos? Estoy segura de que en la mayoría de los casos no es asi, por no decir que en todos (se vale siempre darse el beneficio de la duda). Usamos a veces este termino de forma poco responsable. Pero para comprender realmente que significa la poca tolerancia a la frustración, quiero optar por explicar la definición de la resiliencia, no desde una definición teórica sino mas bien experiencial. La resiliencia es la capacidad que tiene una persona de enfrentar el rechazo y/o el fracaso transitando a través de él. Tiene mucho que ver entonces con la aceptación de la vulnerabilidad no vista como un signo de debilidad sino más bien como la capacidad de tomar decisiones, emprender caminos, cerrar círculos sabiendo que siempre existe la posibilidad de que las cosas no salgan como esperamos y aún asi…seguir creyendo…. con la fé intacta. Así que; se vale llorar, se vale trasnochar, se vale sentir decepción, siempre y cuando esas emociones que hacen parte de nuestra naturaleza no acaben con la seguridad que tenemos en nuestras capacidades. Mi lección personal de vida me ha enseñado que ante el rechazo de alguien, ante una critica o un simple no, tengo siempre dos caminos que puedo transitar; aceptar con humildad que no lo sé todo y que siempre cada situación es un aprendizaje, pero por otro lado tener el coraje de creer en lo que soy, en mi propósito y en lo que haya aprendido a través de la experiencia.

Recordemos que la vida es muy corta y es realmente imposible darle gusto a todas las personas que nos rodean. Vivir en función de las expectativas externas es tremendamente desgastante e inútil. Para unos serás un héroe, para otros un villano. Por eso en la medida en que él camino nos pone retos de liderazgo, tenemos la responsabilidad absoluta de fortalecer nuestros valores, actuar en coherencia con ellos y conservar el invaluable pero anhelado valor de la serenidad.

Lililiana Escalante
Lililiana Escalante
Psicóloga / Esp. en Gerencia Estratégica

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